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martes, 16 de junio de 2009

Este no es el Brasil de antaño

Para los brasileños se presagiaba un partido feliz y sin complicaciones luego de que antes del minuto 5 del partido ante Egipto su buque insignia, Kaká, recibiese un pase en el borde del área chica, hiciese el sombrerito a dos defensas de manera consecutiva y anotase el gol.

Pero vino el empate, con un buen cabezazo de Zidan, a la postre el más peligroso de los jugadores egipcios. Y luego vinieron dos goles más brasileños, todos de cabeza. Sí, parecía una tarde para los brasileños con un 3-1 en el descanso.

No. El resultado si proporcionó los tres puntos, pero se sufrió, ya que en apenas un minuto alrededor del 58 los egipcios hicieron dos goles, y el marcador reflejaba entonces un magnífico 3-3, no solo por el resultado, sino por la factura de los 6 goles en el partido.

Este Brasil no es el Brasil de 1994 con Romario y Bebeto (y Dunga en la defensa, el actual técnico), este Brasil tampoco es el equipo del 2002 con un inspirado Ronaldo y un súper eficiente Rivaldo, uno de los jugadores peor apreciados en la última década. Tampoco es el Brasil de modesta participación en el Mundial de 1982, pero que en el papel lo prometía todo con jugadores como Zico y Falcao. Ni siquiera es el Brasil que falló miserablemente en el Mundial de 2006, cuando prometía tanto con Kaká y el desahuciado Ronaldinho. No. Este Brasil es menos en la práctica y en el papel que esos equipos anteriores. Pero sigue siendo Brasil, aunque a veces cueste pensarlo.

De todas maneras, tienen el talento como colectivo, quizá demasiado justo, para poder ganar esta Copa Confederaciones 2009 y para seguir siendo, como en cada Mundial, uno de los favoritos. Posiblemente solo Brasil, aunque no deje buenas sensaciones, tiene ese privilegio: de ser uno de los favoritos en cualquier circunstancia.

En varios pasajes del partido, especialmente en el segundo tiempo, Egipto dio la impresión de ser más que los brasileños. El buen manejo del balón de parte de los egipcios muchas veces no estuvo acompañado del buen manejo defensivo de los brasileños. Y la posibilidad de que Brasil terminase perdiendo el partido fue real, no una ilusión óptica. Un penal casi al final del partido, bien lanzado por Kaká, el líder indiscutible de este colectivo, marcó el 4-3, maquillando un resultado que pudo haber implicado más justicia con el empate a tres.

En la última Copa América el equipo que iba dando muestras de grandeza era Argentina, pero Brasil la aplastó en la final, con un equipo que en el desarrollo del torneo había aportado poca magia, muy poca para el ADN brasileño. Con Dunga en la dirección técnica este Brasil puede terminar ganando la presente Copa Confederaciones, puede incluso hasta ganar el Mundial del año próximo, pero cada torneo que ganen los brasileños bajo la dirección de Dunga es casi como si lo ganases un recio y ordenado equipo europeo disfrazado de brasileños, con algunos pasajes esporádicos, como el magistral gol de Kaká para abrir el marcador.

Hay algo de traición en la forma en que Brasil viene jugando desde que Dunga asumió la dirección del equipo. Qué Italia juegue como juegan ahora los brasileños, incluso de manera más cerrada y resultadista, es natural, es lógico, incluso hasta hermoso, ya que ese es el juego italiano, es parte intrínseca de su identidad futbolística. En el caso de Brasil puede sentirse como un defecto, como un pecado. Pero a pesar de todo, es Brasil, favorita siempre para cualquier torneo.

lunes, 15 de junio de 2009

Sin jugar bien Italia vence a EE.UU

Italia, siempre la sufrida Italia. Si hay algo que caracteriza a la selección Azzurra es una alta cuota de agonía, aún cuando ganen, aún cuando tengan cuatro Mundiales ganados.

Y la Copa Conferaciones 2009 no iba a ser la excepción. El primer enfrentamiento de los dirigidos por el técnico ganador del Mundial 2006, Marcello Lippi, sería Estados Unidos. Mal recuerdo. Fue también el primer rival de los italianos en aquel Mundial de Alemania, y los norteamericanos le sacaron un empate a un gol, en un partido duro, trabado y mal jugado.

Y mal jugado fue el primer tiempo para los Azzurri. Sin ideas, con descoordinación en la llegada al gol, con un penal inocente de un buen defensa, Chiellini, los Estados Unidos se iban adelante 1-0. Gilardino y Iaquinta en la punta no funcionaban, ni por separados ni como pareja de ataque. Es posible que sea la última vez en este torneo que veamos a ambos jugadores juntos en la delantera iniciando el partido.
Entre las razones para pensar que esto no ocurrirá de nuevo, aparte de que fueron como dupla ineficientes, es que Italia tiene a un joven jugador nacido en los Estados Unidos (en New Jersey) y estrella en la Liga Española, llamada Giuseppe Rossi, que significa buena parte del futuro de la selección italiana en el aspecto ofensivo.

Además, aunque Luca Toni hace tiempo no está fino con la selección (su aporte fue literalmente cero en la pasada Eurocopa), Italia no cuenta actualmente con otro delantero lo suficientemente mortal en el juego aéreo como se supone es efectivo Toni. Por lo menos en el Bayern Munich lo es.

El primer tiempo fue aburrido y de bajo nivel, no solo para Italia, sino también para los norteamericanos, que cuentan con un jugador muy interesante, Landon Donovan (que no entiendo porque no juega en Italia, España o Inglaterra, talento le sobra), pero un jugador solo no hace una selección (lo de Maradona en el Mundial de 1986 es un caso literalmente irrepetible).

El segundo tiempo inicio con la urgencia italiana de buscar el empate, y luego, irse adelante. Perder ese partido podía casi condenarles a no pasar la fase de grupos, tomando en cuenta que le quedaba medirse a Brasil, que no es el Brasil de los años ’70 ni el Brasil ganador del Mundial del ’94, sin dudas, pero de los brasileños es mejor no fiarse nunca. Y también tiene que vérsele Italia con Egipto, que ante lo visto en el partido que perdieron ante los brasileños, parecen tienen argumentos suficientes para complicar a un “grande”, y quizá hasta dar la sorpresa en este torneo.

La voluntad de empatar era notoria por parte de los italianos, pero las ideas y el performance general del equipo no invitaba a grandes hazañas, aunque, les ayudaba bastante que Estados Unidos de escasas garantías defensivas y un control de balón algo caótico. Las sustituciones estaban cantadas, y Lippi supo interpretar el momento del partido. No realizó inicialmente una sustitución, sino dos: entraron Riccardo Montolivo (Fiorentina) y Giuseppe Rossi (Villareal), y salieron Gatusso y Camoranessi, que no tuvieron una tarde particularmente brillante.

Las entradas fueron efectivas, y la prueba es que poco después de entrar al campo Rossi le robó un balón a un rival poco después del medio campo, avanzó algunos metros y lanzó un zurdazo fenomenal ante el cual nada pudo hacer el portero Tim Howard. Unos 15 minutos después Daniele de Rossi –jugador fundamental en el centrocampo azzurro- lanzó también, pero con la derecha, un tiro fuerte y bien colocado al palo izquierdo del portero norteamericano. 2-1 para Italia.

Los minutos finales del partido fueron quizá lo mejor del partido, ya que era un ida y vuelta (con algo de desorden, hay que admitir), en el cual los italianos tuvieron dos magníficas oportunidades de rematar el partido y colocar un par de goles más, pero en ambas ocasiones Howard tuvo intervenciones prodigiosas. También Estados Unidos tuvo alguna oportunidad, pero los norteamericanos, muy fuertes en su federación, la CONCACAF, no están aún al nivel de competir de igual a igual con escuadras del peso histórico de Italia.

Como no hay tercero malo, pues vino el tercer gol italiano, luego de una internada por el sector izquierdo de la cancha de Andrea Pirlo –el que mejor sabe tocar el balón en la selección azzurra-, y casi desde la línea de fondo da un pase al centro del área chica y con un zurdazo a boca de jarro se sentenció totalmente el partido en el minuto 4 del descuento. ¿El autor?: ¡Giuseppe Rossi!

El 4-1 ó 5-1 a favor de Italia hubiese sido excesivo dado lo mostrado por los transalpinos (quizá hasta el 3-1 final lo haya sido), pero Italia ganó por oficio, por competitividad y gracias también a cierta ingenuidad que posee el fútbol norteamericano al enfrentarse a selecciones de alto nivel. De todas maneras, Italia sacó el triunfo, aunque le espera un Brasil siempre hambriento de títulos y un Egipto que tuvo pasajes memorables en su derrota ante Brasil.